Publicado el 14 de marzo de 2025Redacción de Doctrina Bancaria
Señales concretas antes de dar cualquier dato
Los fraudes telefónicos en Argentina suelen empezar con una urgencia fabricada: un supuesto bloqueo de cuenta, un movimiento sospechoso o una verificación pendiente. La clave está en no confirmar nada por el canal que inició el contacto. En esta guía se repasan las frases más repetidas, los pedidos de códigos por SMS y la diferencia entre una llamada legítima y una que solo busca datos. También se explica cómo cortar la comunicación y verificar por los canales oficiales que figuran en el contrato o la app del banco.
Hay un repertorio que vuelve una y otra vez. "Detectamos un movimiento inusual en su cuenta", "necesitamos validar su identidad para no bloquear el acceso", "le vamos a enviar un código y me lo dicta para confirmar que es usted". Cualquiera de esas tres frases, dicha por alguien que llamó primero, ya es motivo suficiente para desconfiar. Un banco puede comunicarse por teléfono, pero no resuelve una verificación pidiendo que el cliente lea en voz alta un código que acaba de llegar a su propio celular.
El código de un solo uso existe justamente para confirmar que quien opera la cuenta tiene el teléfono en la mano. Si otra persona lo recibe y lo repite, la protección deja de tener sentido. En las llamadas fraudulentas aparece casi siempre el mismo pedido: "le llegó un código, ¿me lo puede leer?". Del otro lado no hay un empleado validando nada, hay alguien que necesita ese número para entrar a la cuenta o autorizar una operación.
Una gestión real suele tener un motivo previo: un reclamo que el cliente inició, un turno agendado, una consulta que quedó abierta. La llamada fraudulenta, en cambio, aparece sin contexto y empuja a actuar rápido. Otra diferencia es el canal de retorno: si el banco realmente necesita hablar, se puede cortar y volver a llamar al número que figura en el contrato, la app o el sitio oficial. Esa devolución de llamada desarma casi cualquier intento, porque del otro lado no hay una línea real que atienda.
Cortar sin dar explicaciones. No hace falta ser amable ni justificarse. Después, revisar la app o el homebanking con calma para ver si hay algún movimiento que no se reconozca. Si apareció algo raro, comunicarse por los canales oficiales y dejar registro del horario de la llamada. Si no pasó nada, igual conviene anotar el número y el nombre que usaron, porque esos datos sirven si más adelante se repite el intento.
La regla es corta: ningún dato por el canal que inició el contacto. Ni códigos, ni claves, ni números de tarjeta, ni respuestas a preguntas de seguridad. Si el pedido llega por una vía no habitual, se corta y se verifica por la vía oficial. Ese hábito, sostenido en el tiempo, resuelve más situaciones que cualquier aplicación de seguridad instalada después.
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